Despierta al amor que eres

Bienvenido a DESPIERTA al amor que eres. Si quieres sanar tus actitudes, forma de pensar y tu vida en general, éste es el lugar para ti. Aquí encontraras información que te ayudará a hacer precisamente eso, más un blog informativo con diferentes temas donde puedes poner tus comentarios o preguntas. He creado esta página en dos idioma, español e ingles. Solo presiona el lenguaje que prefieres. Espero verte por aquí con frecuencia.  Feliz sanación.

¿Escojo ser víctima o estar en paz?

 

La otra noche tuve un ataque de muchos sentimientos: coraje, tristeza, ansiedad. Se me quedó la puerta de mi cuarto abierta. El perro la vio y me imagino que pensó, aja, nunca me han dejado entrar a ese cuarto. Déjame entrar y marcar mi territorio, que es el lugar que me falta.

Cuando salí a regañarlo, mi hijo lo cogió, lo llevó a mi cuarto, le dijo con firmeza “Eso no se hace ahí”, y le dio una palmada. Cuando yo vi eso, me puse como una loca. Comencé a gritar que yo no podía con violencia, que jamás hiciera una cosa así frente a mí de nuevo. Estaba tan alterada que me encerré en mi cuarto a llorar. Al rato, me calmé y me puse a analizar la situación.

Estas son las cosas que pudiera haber hecho:

  • Ver a mi hijo como un abusador. (Cosa que yo sabía que no era.)
  • Tener coraje con él.
  • Sentirme como una víctima.
  • Escoger estar infeliz en vez de escoger la paz.

Estas son las cosas que hice:

  • Respirar profundamente para calmarme.
  • Reconocer que fuera de mí no hay nada.
  • Ver a mi hijo inocente.
  • Buscar dentro de mí para ver que se me activó.
  • Reconocer que mi reacción fue exagerada pues fue solo una palmadita.
  • Pedirle a mi Espíritu Santo que me ayudara a ver las cosas de forma diferente.

Al rato, vinieron a mi mente lo siguientes recuerdos:

  • Cuando mis dos hijos eran pequeños, yo les daba en las piernitas cuando se portaban mal.
  • Eso lo aprendí de mi mamá, y seguramente, ella lo aprendió de la de ella.
  • Sentí una gran tristeza y culpa.
  • Entendí que en ese momento yo no sabía mejor, pero que gracias a Dios hace mucho que sí.
  • Le pedí a mi Espíritu Santo que me ayudara a perdonarme y a perdonar a mi mamá.
  • Pensé en la lección 134 de Un curso e milagros que dice “podría ver paz en lugar de esto”.
  • Luego de esto, cerré los ojos y me quedé un rato en silencio, respirando profundamente. Al rato, sentí una gran paz y supe que el proceso había terminado.

En la mañana, hablé con mi hijo y le pedí perdón por mi ignorancia cuando él era un niño. Su respuesta fue, ¿perdón otra vez? Yo te perdoné la primera vez que me lo pediste hace mucho tiempo.

Obviamente, la que tengo que perdonarme soy yo.

Y con este cuento, los invito a hacer este proceso cada vez que les surja una emoción que no sea paz o amor. Al yo hacerlo, me evite muchos días de coraje y sufrimiento y volví a estar en paz.

 

Honestidad con uno mismo

Yo nací honesta. Nadie tuvo que enseñarme la importancia de decir la verdad. Se me dificulta mucho tratar con personas deshonestas. Si alguien me miente, es bien difícil para mí volverle a creer.

En estos días he estado pensando en la honestidad. Hace poco me uní a un grupo que se llama Meet Up. Entre mis gustos, puse que me gustaba bailar. Lo que no se me ocurrió en ese momento es que me fascina bailar música latina. Habiendo vivido por muchos años donde predominaba la gente hispana, no me acordé que ahora vivo en California donde no es así.

En realidad puedo bailar música americana, pero tiene que tener un ritmo que se me meta por dentro.  Así las cosas, fui a mi primera fiesta americana y la música no me movió. Baile una pieza y me fui. Cuando llegó la segunda, de nuevo contesté que iba a ir. Fui a YouTube y escuché algunas canciones de la banda y me di cuenta que no me gustaban tampoco. Me encontré en una encrucijada. Ya había contestado que sí, y pensé que al menos debía ir un rato. Al poco rato, comencé a sentirme incómoda y con estrés. En el momento, no pude identificar mi incomodidad.

Como mi Espíritu Santo es mi mejor amigo, me puse a conversar con él (en mi mente, por supuesto) sobre mi incomodidad y estrés. Mis pasos en la conversación siempre son los mismos. Le digo, estoy incómoda y sé que surge de mis pensamientos. Ayúdame a ver cuál es, y a cambiarlo por uno amoroso que me traiga paz.

Al poco rato, me llegó a la mente la palabra honestidad. Me di cuenta que no estaba siendo honesta conmigo misma. Por no ofender al que dirige estas actividades, me estaba poniendo a mí en una situación que no me hacía feliz.  Una vez me di cuenta de esto, tomé la decisión de no ir. Envié un texto diciendo que no iba, e inmediatamente comencé a sentirme tranquila.

Recuerda, la honestidad comienza por casa.

 

Pensamientos para el año 2022

Esta es la primera semana del nuevo año. Una amiga me envió este pensamiento que les comparto abajo. Ha sido compartido muchas veces. No sé quién lo escribió, pero no fui yo. Meramente lo encontré hermoso. Ojalá todo el que lo lea lo aplique.

No te deseo un año maravilloso dónde todo sea bueno. Ése es un pensamiento infantil y utópico.

Te deseo que te animes a mirarte, y que te ames como eres.

Que tengas el suficiente amor propio para pelear muchas batallas, y la humildad para saber que hay batallas imposibles de ganar por las que no vale la pena luchar.

Te deseo que puedas aceptar que hay realidades que son inmodificables, y que hay otras, que si corres del lugar de la queja, podrás cambiar. Que no te permitas los “no puedo” y que reconozcas los “no quiero”.

Te deseo que escuches tu verdad, y que la digas, con plena conciencia de que es sólo tu verdad, no la del otro. Que te expongas a lo que temes porque es la única manera de vencer el miedo.

Que aprendas a tolerar las “manchas negras” del otro, porque también tienes las tuyas, y eso anula la posibilidad de reclamo.

Que no te condenes por equivocarte; no eres todopoderoso.

Que crezcas, hasta donde y cuando quieras. No te deseo que el 2022 te traiga felicidad. Te deseo que logres ser feliz, sea cual sea la realidad que te toque vivir.

¿Ya llegamos?

A veces me gustaría poder mirar por un hueco cómo mis abuelos criaron a mi papá. ¿Qué le exigían, qué cosas le decían, cómo lo castigaban, etc.? Para bien o para mal, todos repetimos lo que aprendimos. Los nuevos padres no tienen un manual de instrucciones de cómo criar a sus hijos y así se repiten las costumbres.

Cuando comencé la escuela, las lecciones se me hacían fácil. En aquella época, en Puerto Rico, que tiene el sistema americano, si sacabas de 90 a 100 tenías A. Mi hermana se ríe y dice que si yo sacaba 98 en un examen, lloraba. Yo no recuerdo lo de llorar, pero sí recuerdo que cuando venía con el 98, mi papá me preguntaba por qué no había sacado 100.

Esa simple pregunta me llevó a pensar que tenía que ser perfecta para que me quisieran o para que tuviera valor. Durante toda mi vida me exigí demasiado, cosa que me causaba mucho estrés. Otras veces, no intentaba o no hacía algo por miedo a fracasar.

No fue hasta años después, cuando comencé en este camino de mi despertar espiritual, que pude entender y perdonar todo esto. Pude entender que mi papá quería lo mejor para mí y que, aunque errónea, esa era su forma de tratar de enseñarme. Sé que todo lo hizo por amor. Ahora les toca a mis hijos hacer una evaluación de mis errores, perdonarme y sanar su interior.

Recientemente, estuve hablando con una amiga sobre este tema, y me di cuenta que aún me quedan capas internas, bien escondidas en el inconsciente, sobre mi necesidad de perfección. Me falta por sanar esos pensamientos. Aunque mucho menos, aún me exijo demasiada perfección.

 

El despertar es un proceso.  El Espíritu Santo en nosotros, quien nos ayuda a despertar y a perdonar, nos lleva a ver las cosas en una forma que no nos aterre, suavemente, pero seguro.

Nuestra lección es aprender a estar alertas en todo momento de cómo nos sentimos pues la paz interior es el termómetro que nos indica si estamos en el camino correcto. Aún nos queda camino por andar para despertar totalmente.

Mucho éxito en tu caminar de despertar.

¿Que perdone a quién? ¿Estás loca?

Eso es lo que yo pensaba cuando alguien me decía que perdonara a alguien que me había hecho daño. El que piensa que otra persona le ha hecho daño por maldad es imposible que perdone.

Aquí es que entra el concepto del perdón de Un curso de milagros. Como he mencionado en otros blogs, el Curso enseña que todo lo que ves afuera es una proyección de un pensamiento que tiene adentro.

Siempre recuerdo una frase de uno de mis maestros: “no hay nada allá afuera, siempre te estás hablando a ti misma”. Y tú dirás, ¿cómo que no? Yo veo gente y situaciones fuera de mí y reacciono a ellas.

Ese es el concepto que tienes que soltar para aprender a perdonar. Ya he mencionado anteriormente en otros blogs que todo es energía. La energía es electromagnética y atrae hacia sí energía de una vibración similar. Esos pensamiento que tienes en el inconsciente son energía. Si piensas que no vales suficiente, vas a atraer a tu vida personas y circunstancias que te reflejen ese pensamiento.

Cuando proyectas hacia afuera lo que piensas y sientes, y se lo tiras a otra persona, es una gran oportunidad que te da la vida de poder ver lo que tienes adentro escondido. Es mucho más fácil ver a paja en el ojo ajeno que en el propio.

Si logras cambiar la forma en que veías las cosas y te sales del rol de víctima, y comienzas a ver cualquier situación o persona fuera de ti como tu maestro, que te está enseñando tus pensamientos internos. En ese caso, te darás cuenta que al perdonar al otro te estas perdonando a ti.

El perdón, entonces se puede resumir en 3 pasos:

  1. Reconocer que el problema no está fuera de ti. Con este paso, reconoces que no tienes que esperar que el otro cambie para ser feliz o estar en paz. La que tiene que cambiar sus pensamientos eres tú.
  2. Luego viene la parte más difícil que es lidiar con el sentimiento de culpa que produce el pensar que voluntariamente nos separamos de Dios. Esa culpa viene del miedo que nos da pensar en el castigo que Dios nos va a dar si nos encuentra. Por eso nos escondimos en el ego. Pero Dios es Amor y solo quiere Amor para nosotros. Ahí es que entra el Espíritu Santo, esa parte de nuestra mente que sabe que la separación nunca existió, excepto en nuestra mente equivocada.

En este segundo paso, le dices al Espíritu Santo en ti, ya no quiero sentirme culpable.

  1. Aquí le entregas tus sentimientos de miedo y de culpa al Espíritu Santo y le dices, ayúdame a ver las cosas de forma diferente y te aseguro que lo hará.

El perdón es poder mirar más allá de un ataque y lograr verlo como un pedido de ayuda. No puede haber excepciones. Ni el de afuera es culpable, ni tu tampoco. Esa es la visión de Cristo.

Lo anterior es un proceso. No es apretar un botón y ya. Lo importante es que lo hagas parte de ti para que no desaproveches oportunidades de sanación y perdón.

¿Te cansaste de sufrir?

Un curso de milagros nos da una forma de dejar atrás nuestros dramas, los cuales surgen de estar inmersos en el sistema de pensamientos del ego. Este sistema lo expliqué en un blog anterior.

La forma que nos da el Curso para dejar de sufrir es el sistema de pensamiento del Espíritu Santo. Ya he mencionado en muchas ocasiones anteriores que para el Curso solo existen dos emociones: el amor y el miedo y que cuando estamos en el miedo, que se refleja en culpa, estamos en el ego. Por el contrario, cuando estamos en amor estamos con el Espíritu Santo.

Voy a explicar esto con ejemplos.

Imagínate que has estado tratando de perder peso y no has rebajado ni una libra. Estas caminando por la calle, y te encuentras con una amiga que te dice lo gorda que estás. Puedes reaccionar de dos formas, ambas de las cuales surgen del sistema de pensamiento del ego, o culpa que es una de las expresiones del miedo:

  • Te molestas y le dices lo fea que le queda la ropa que tiene. Respondes así pues en tu mente, piensas que eres gorda. Cuando lo proyectas afuera, y alguien te lo refleja diciéndotelo, le echas la culpa por cómo te sientes y atacas para atrás. Este comportamiento te va a mantener en el ego sintiéndote mal. O,
  • Comienzas a llorar, sintiéndote víctima, y le dices que te hirió, que es muy cruel. Aquí la haces sentir culpable, que no es otra cosa que una proyección de la culpa que tienes adentro por haber sido cruel en otro momento. Este comportamiento también te mantiene en el ego sintiéndote mal.

El Curso dice que existe otra forma de reaccionar, que es con el Espíritu Santo. Solo existen dos emociones, o estás en amor o en el ego. Una excluye la otra. No se puede estar en ambas a la vez.

Nadie que está lleno de amor ataca a otra persona, pues todo lo que puede ver y sentir es amor. El Curso enseña que una persona está o dando amor o pidiendo amor. Si ves a alguien que está actuando desde el ego e inmediatamente piensas que esa persona no es feliz y esa es la forma que tiene para pedir amor, vas a sentir compasión en vez de coraje. Si sientes compasión, la vas a tratar con amor. Siempre le digo a mi nieta, mientras más insoportable o cruel es una persona, mas está sufriendo en su interior.

Esta forma de ver las cosas es el sistema de pensamiento del Espíritu Santo.

Ahora voy a cambiar la escena anterior:

  • Estas caminando, y cuando te dicen gorda, inmediatamente piensas, esa persona debe sentirse muy mal y por eso está siendo desamorosa. Déjame darle amor.
  • Inmediatamente le pides al Espíritu Santo qué debes hacer para darle amor. Y cuando sientas la contestación, eso es lo que vas a hacer.
  • Te vas a sentir muy bien y la otra persona también porque recibe el amor que necesita y ni siquiera sabía que necesitaba.

Ese momento, donde logras cambiar la forma de ver las cosas del ego al amor, es el instante santo del Curso y es lo que resulta en el perdón.

Aunque el proceso parece sencillo, llevarlo a cabo toma mucho tiempo. Tenemos tanto sentimiento de culpa en el inconsciente que sacarlo todo de momento daría terror. Por eso la vida nos presenta muchas oportunidades para hacerlo poco a poco. Así es que ten mucha paciencia y da amor siempre que se te presente la oportunidad. Serás mucho más feliz.

Un curso de milagros y la relación santa

En el blog anterior, expliqué lo que es una relación especial. Una relación especial se convierte en una relación santa en lo que el Curso llama el instante santo.

Según lo explica Kenneth Wapnick en su Glosario-Índice de Un Curso de milagros, el instante santo es el intervalo de tiempo en el cual escogemos el perdón en vez de la culpa..; es una expresión de nuestra pequeña disponibilidad a vivir en el presente…

Como mencioné en el blog de la relación especial, en este tipo de relación, que es la que estamos acostumbrados a vivir, mientras el otro actúe como esperamos, estamos felices. Cuando cambia, estamos infelices y comenzamos a culparlos de nuestra infelicidad.

Cuando aprendes a ver las cosas de forma diferente y entiendes la diferencia de estar en el ego o en el Espíritu Santo, estar en el miedo o en el amor, comienzas a ver la relación con otros ojos y con otro propósito.

Mi termómetro para saber si estoy o no en el ego es mi paz interior. Aprendí a estar bien atenta a mi sentir. Tan pronto me doy cuenta que no estoy en paz, me detengo. Reconozco que hay algún pensamiento mío que me la está quitando (o sea, no le echo la culpa a nadie). El próximo paso que doy es que le entrego todo al Espíritu Santo, que es esa parte en mí que sabe que está conectada a Dios.

Cuando estás en una relación y ya sabes que en esencia, todos somos Uno, la otra persona está en tu vida para ayudarte a sanar y elevar tu consciencia. Cualquier situación que surja que les quite la paz les muestra las áreas inconscientes que tienen que sanar. Dicho de otra forma, cada cual es el espejo del inconsciente del otro.

En la relación santa, dejas de ver a la otra persona como alguien que tiene la obligación de llenar tus vacíos e inseguridades.  Ambos comienzan a verla como aliados en sus mutuos caminos de despertar.

Aunque surgirán situaciones donde uno le sacará al otro coraje y miedos inconscientes, ambos reconocen que ese es el propósito principal de estar juntos. Respiran profundamente para regresar a la paz, se lo entregan al Espíritu Santo para que los ayude a ver la situación desde el amor y no desde el miedo, y sin duda, lo hará. Una vez se da el perdón, que en última instancia es a nosotros mismos, ya que todo surge de nuestros propios pensamientos vistos afuera, viven otro instante santo.

La relación santa es la forma más gloriosa de vivir.

 

¿Qué son las relaciones especiales según Un curso de milagros?

El Curso menciona dos tipos de relaciones, las relaciones especiales y las relaciones santas. En el próximo blog explicaré las relaciones santas.

Para el Curso, todas las relaciones que envuelven el ego son relaciones especiales. Hay dos tipos de relaciones especiales, las relaciones especiales de odio y las relaciones especiales de amor.

En las relaciones especiales de odio buscamos a alguien o algo que odiar. De esta manera, no tenemos que mirar el odio que tenemos hacia nosotros mismos. Un ejemplo de estas relaciones se ve en la política. Los de un bando odian a Trump y los del otro lado odian a Biden. Este tipo de relación especial es más fácil de identificar, aunque no tan fácil entender qué parte nuestra odiamos y estamos proyectando afuera.

La relación especial de amor es más engañosa. Es más difícil de reconocer porque parece ser algo que no es. Igual que la relación especial de odio, en la relación especial de amor estamos tratando de esconder el odio hacia nosotros mismos. La diferencia es que en la de amor se hace en una forma más sutil.

Como expliqué en el blog anterior, todos pesamos, en mayor o menor grado, que algo nos falta. Ese principio de escasez está debajo de las relaciones especiales. Sentimos que algo nos falta. Inmediatamente, la mente del ego dice, yo sé cómo puedes resolver esto. Busca fuera de ti a alguien que llene tu hueco.

Cuando encuentras a alguien que tiene las cualidades que llenan tus necesidades te agarras de esa persona especial. Te enamoras y todo esta maravilloso mientras esa persona te de lo que necesitas. Y si tienes cualidades que llenan sus necesidades se enamora de ti. Desde el punto de vista del ego es como un matrimonio hecho en el cielo.

Lo que el ego llama amor en realidad es dependencia. Yo dependo de ti para que llenes mis necesidades y voy a asegurarme que tú dependas de mí para llenar las tuyas. Mientras eso se de todo está maravilloso.

Cuando esa persona  comienza a tener otros intereses, o crea nuevas amistades en el trabajo, o de alguna forma ya no está actuando como tú deseas y ya no encaja en tus expectativas, comienzan los problemas.

De todas maneras quieres que vuelva a ser como antes. Para lograrlo puedes utilizar diferentes medidas, por lo general sin expresar cómo te sientes directamente. Tal vez actúas fríamente, manipulas diciendo algo cómo “ya no eres igual que antes. Ya no me quieres”, o algo similar.

Si logras que tu pareja se sienta suficientemente culpable para volver a actuar como antes, todo vuelve a estar bien. Si no, comienzan las peleas hasta que uno de los dos decide que no está feliz y se termina la relación.

Al tiempo conoces a otra persona que “llena tus necesidades y expectativas” y comienza otra relación especial. Si pones mucha atención te darás cuenta que todo lo que no sanaste en tu interior con la primera pareja, se repite en la próxima. Eso se debe a que sucede lo que yo llamo “se unen el hambre y la necesidad.” Todo lo que tienes en el inconsciente para sanar te lo va a activar tu pareja y viceversa. Pero como siempre, si es una relación especial, estas en negación y lo ves afuera.

Mientras te sientas victima eso va a ser un círculo vicioso. Para salir de él es necesario comenzar a ver las cosas de forma diferente. En el próximo blog te explicaré cómo.

Un curso de milagros y el principio de escasez

Desde que pensamos que nos habíamos separado de Dios y creamos el ego, vivimos siempre buscando ese algo que nos complete, sin darnos cuenta que ese algo, que es lo único que nos completaría, es Dios. Según el Curso, esa búsqueda viene por el principio de escasez que es la creencia de que nos falta algo.

Ese algo que piensas que te falta puede ser amor, abundancia, dicha, sentido de suficiencia, belleza, etc. Cuando crees que te falta algo, piensas que nadie te quiere, que hay algo incompleto dentro de ti, que no eres suficiente, te sientes sola.

El ego o mente equivocada te dice que eso se resuelve fácilmente. Lo que tienes que hacer es buscarlo fuera de ti.

Hay personas que lo buscan en comida y comen excesivamente. Otros en la bebida y beben como si fueran un barril sin fondo. Algunas personas tienen que estar comprándose cosas de última moda aunque tengan su ropero repleto. Lo que no se les ocurre es que están haciendo eso para llenar un hueco que sienten muy adentro.

Obsérvate bien con mucha honestidad. ¿Qué te motiva? ¿Qué haces para llenar tu vida? ¿Cómo te sientes cuando no lo logras? ¿Te responsabilizas por tus fracasos o le echas la culpa a otra persona?

En mi caso eran las relaciones de pareja. Yo tenía una sensación de que no pertenecía y de que no era suficiente. Inconscientemente, pensaba que al tener una pareja esos sentimientos se iban a resolver. Que equivocada estaba.

En el próximo blog, voy a explicar qué son las relaciones especiales de acuerdo a Un curso de milagros. Verás cómo cuando el Curso habla de relaciones no se refiere únicamente a la relación pareja. Hasta la próxima.

El ciclo de defensa y ataque

Kenneth Wapnick en su libro A Talk Given on a Course in Miracles menciona otro ciclo que se desprende del juego del ego. Me refiero al ciclo de defensa y ataque. Imagínate que fuiste bien hiriente con alguien. Eso te hizo sentir culpable, pero como no quieres aceptarlo, lo llevas a tu inconsciente y te convences de que lo hiciste por algo terrible que hizo esa persona. En otras palabras, le echas la culpa. Cómo fuiste bien hiriente, piensas que esa persona te va a atacar de alguna forma.

Por consiguiente, te pones a la defensiva y lo atacas con tu forma de hablarle. La persona, entonces, se siente atacada y para defenderse te ataca a ti. Así se crea el ciclo de defensa y ataque.

Este ciclo es así en este mundo que vivimos, el mundo del ego, desde las relaciones interpersonales hasta las relaciones entre países. Por eso es que hay tantas guerras y tanta violencia.

Desgraciadamente, mientras las personas piensen que “el otro” le hizo o le hará algo, continuará este ciclo de defensa y ataque. Nadie te hace nada. Tu reacción viene de tu interpretación de lo que viste fuera de ti. Por eso pueden haber tantas interpretaciones de una situación como personas hayan observándola.

Todo surge de tu mente, de tus percepciones adquiridas desde tu niñez, la mayoría de las cuales están escondidas en tu inconsciente. Para el que, como yo, cree en la reencarnación, ya viniste con esas percepciones para sanarlas y poder elevar tu consciencia.

Si ves algo fuera de ti que te molesta, pregúntate: ¿En qué forma lo que estoy viendo afuera refleja algo que no quiero ver sobre mí?

Pídele guía a tu Espíritu Santo para que te ayude a verlo. Observa bien como en el momento perfecto para ti, cuando estés listo para verlo de forma diferente, la respuesta te llegará.